Los Paseos fuente fundamental de la salud de nuestros perros.

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FOTO: Juan Narváez

Los paseos son fundamentales para la salud física y psicológica del perro. Pero los dueños, además, pueden aprovechar ese momento para relajarse, estrechar lazos de amistad, jugar con el can y hacer ejercicio. Para conseguirlo, es importante enseñar al perro a caminar con correarecoger los excrementosescoger la mejor hora para el paseo, saber la importancia de educar al perro para pasear y encajar la agenda con sus necesidades. En este artículo se explican estas cinco claves y se destacan también los problemas que pueden surgir al pasear con el perro.

Clave 1: enseñar al perro a caminar con correa

Un perro que sepa caminar con la correa por la calle convertirá los paseos con sus dueños en momentos de relajo y disfrute, en lugar de un motivo de estrés. Por ello, es importante educar y enseñar al perro desde cachorro a caminar de manera correcta con sus dueños por la calle.

Por su parte, las diferentes leyes autonómicas y municipales obligan a los dueños de perros a llevarlos sujetos con correa por la vía pública. Respetar esta pauta es una de las claves que se deben tener en cuenta para disfrutar de las caminatas al aire libre con el can. Además, hay que ser siempre tolerantes con quienes tienen miedo a los animales o no les gustan.

Clave 2: recoger los excrementos del can

Las bolsas para recoger los excrementos del perro no deben faltar en el momento del paseo. De nuestro civismo depende la opinión de otras personas sobre los perros y sus dueños. La vía pública debe quedar limpia tras el paso de nuestro animal. De esta manera, asimismo, evitaremos accidentes a los viandantes y no colaboraremos en que la calle esté sucia y se convierta en un foco de bacterias.

Los ayuntamientos aprueban normas (ordenanzas) para mantener sus ciudades limpias. Estas normas de limpieza viaria y gestión de residuos incluyen sanciones para los dueños que no recogen los excrementos de sus perros de la calle.

Clave 3: escoger la mejor hora para el paseo

Los perros deben pasear tres veces al día. Lo idóneo es repartir las salidas entre la mañana, la tarde y la noche. Sin embargo, hay momentos más indicados para pasear con nuestro amigo: por la mañana temprano y tras las horas de descanso, para estirar los músculos; después de comer, para favorecer una buena digestión (con un margen de unos 20 minutos tras la comida); así como al final del día -antes de dormir-, para ir relajados a la cama.

La época del año en que nos encontremos también es importante. En verano es preferible evitar el paseo durante las horas más calurosas, mientras que en invierno hay que hacer lo contrario: aprovechar las horas de más sol.

En cualquier caso, y con las precauciones mencionadas, los paseos largos serán un regalo para el perro. Está en su naturaleza corretear, olisquear y caminar con libertad. Por ello, siempre que sea posible, hay que hacer una escapada a zonas tranquilas y solitarias. El sitio apropiado es el campo o la montaña, donde poder dejar que el perro retoce. Hay que tener en cuenta que ciertas razas caninas necesitan paseos más largos para mantenerse en forma. Un dueño responsable debe cubrir las necesidades de su perro en este sentido.

Clave 4: la importancia de educar al perro para pasear

El animal debe estar bien educado para que acuda a la llamada de sus dueños, no se escape y no se pelee con otros perros. Cuando un perro se encuentra con otros animales, es habitual que se produzcan conflictos, casi siempre, debidos a su sentido de la territorialidad.

Estas peleas son peligrosas porque pueden provocar heridas de gravedad. Por ello, el perro siempre debe estar supervisado durante el paseo por los dueños. Aunque el perro sea obediente y tranquilo con las personas, puede mostrarse agresivo frente a otros animales.

Clave 5: encajar la agenda con las necesidades del perro

Un aspecto fundamental antes de adoptar o de acoger un perro es calcular la cantidad de tiempo del que se dispone. Si se cuenta con una agenda muy apretada, puede ser mejor no tener un perro en casa. Los paseadores y cuidadores profesionales de animales también pueden ayudar. En cualquier caso, el bienestar del perro depende del tiempo que sus dueños tengan para cuidarle. Y una de las actividades a la que hay que dedicar más tiempo son los paseos.

Problemas que pueden surgir al pasear con el perro

La descoordinación con el perro en el momento de pasear y los tirones de la correa pueden convertir el paseo con el can en una carrera de obstáculos, que impida disfrutar tanto al dueño como al animal del paseo.

El perro que pasea por la calle necesita oler y orinar con tranquilidad. Cuando un perro pasea, además de hacer sus necesidades, practica un ritual que consiste en dejar feromonas olfativas para otros congéneres, al tiempo que capta las de los demás. Los tirones de la correa por parte del dueño generan en el perro nerviosismo y ansiedad que, a su vez, se traducen en más tirones por parte del can.

En cualquier caso, los pasos del dueño y del perro deben estar coordinados. Los dueños son quienes dirigen al perro y no al contrario. Cuando la hora del paseo deja de ser un momento lúdico y agradable, hay que plantearse la posibilidad de acudir a un educador canino para que nos enseñe cómo debemos pasear con el perro.

Consejos

  • No plantear el paseo con el perro como una obligación, sino como un momento de relajo y disfrute.
  • Hay que pasear al perro tres veces al día. Lo apropiado es hacerlo por la mañana, por la tarde y por la noche, una media de 20 minutos en cada salida.
  • El perro debe ir sujeto con la correa. Es recomendable hacer escapadas al campo donde el can pueda disfrutar en libertad.
  • Si la hora del paseo con el perro se convierte en un momento de estrés, enfados y tirones con la correa, es momento de plantearse acudir a un educador canino, que ayude a corregir el problema.

FUENTE: Consumer.es

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¿Por qué los perros comen heces?

ImagenFUENTE FOTOGRAfÍA: Juan Narváez

La coprofagia canina es más habitual entre los cachorros de perro pero también puede revelar problemas de estrés en el animal.

La costumbre de algunos perros de comer heces produce en sus dueños, como mínimo, sorpresa y rechazo. No obstante, en algunos casos este comportamiento puede ser síntoma de que algo funciona mal en el páncreas del perro o esconder problemas psicológicos en el perro, como la ansiedad por separación. En este artículo se abordan las causas por las que un perro practica la coprofagia, cómo actuar con un animal que ingiere heces y seis curiosidades sobre esta práctica.

Mi perro come heces, ¿por qué lo hace?

La coprofagia en el perro, ingestión de heces propias o ajenas, se considera un comportamiento anómalo del perro, sobre todo si come sus propios excrementos. No obstante, esta atracción por los deshechos corporales en los perros también se da en otras especies, entre las que se encuentran los humanos, aunque por razones distintas.

Las razones por las que un perro ingiere excrementos propios o ajenos pueden ser diversas. “Una situación más o menos frecuente es que el perro que come heces sea una cría que no controla esfínteres y teme la reacción de sus dueños“, explica Imanol Sagarzazu, veterinario. Un cachorro que aún no ha aprendido a hacer sus necesidades en el lugar y momento adecuados puede temer la reacción de sus dueños frente a un excremento en un lugar indebido de la casa, y pueden reaccionar con la ingestión de la prueba acusatoria para evitar reprimendas.

Además, a algunos perros les gusta impregnarse con el olor de las heces, tanto propias como ajenas. Esto se debe a que buscan potenciar la comunicación olfativa con otros congéneres a través de las potentes feromonas olfativas presentes en las heces. “Es un perfume que dice ‘soy un perro y huelo a perro’ y a los canes les encanta tener este aroma, por lo que es un comportamiento habitual entre ellos”, comenta Bat.

Los perros menores de un año son los que, de forma más habitual, practican la coprofagia, algo que es poco común en los perros adultos. En otros casos, “la coprofagia puede deberse a problemas de comportamiento, como ansiedad cuando se separan de sus dueños”, añade Sagarzazu.

El perro come heces por estrés o enfermedad

“La coprofagia es un comportamiento que se presenta en todos los cánidos, como los lobos, los chacales y los zorros”, asegura Helena Bat, educadora canina. La coprofagia que se produce por ansiedad se puede corregir con el tratamiento de las causas que provocan el malestar psicológico del perro. Si es debida a la separación de los dueños, habrá que organizar los horarios de paseos del can y evitar que esté demasiado tiempo solo.

Por otro lado, cuando el can esté en casa sin compañía se le pueden ofrecer alternativas para que esté activo, como con juguetes interactivos similares al Kong: el perro se entretiene hasta que obtiene el alimento que se encuentra en su interior.

El can que necesita la atención de sus dueños es capaz de demandarla con conductas variadas, entre las que se encuentra la ingestión de excrementos. Los dueños se fijarán en el perro, aunque sea para regañarle. Y el animal encontrará suficiente motivación para practicar la coprofagia.

En estos casos, la mejor manera de corregir al perro es atenderse como merece y felicitarle cuando abandona esta conducta.

Los canes que se estresan y angustian cuando sus dueños están ausentes de casa también pueden comer sus excrementos, como respuesta al problema de ansiedad por separación en el perro. La coprofagia puede deberse a problemas psicológicos que padece el animal y que se reflejan en una conducta desajustada con respecto a su atracción por las heces.

La infección pancreática es una razón poco habitual por la que un perro practica la coprofagia. Sin embargo, puede darse el caso de que el can carezca de la capacidad de digerir y asimilar los nutrientes de los alimentos que come y, de manera instintiva, coma excrementos para compensar el déficit nutricional de su organismo, debido al incorrecto funcionamiento del páncreas.

Perros que ingieren heces, ¿cómo actuar?

Los expertos suelen considerar anómalo que un can ingiera sus propias heces o las de otros perros. Sin embargo, cuando lo hace con heces de personas u otros animales herbívoros, como las vacas o los caballos, se valora como una conducta propia de la especie canina. La razón es que “los perros pueden valorar estos excrementos como apetecibles, a los perros por su olor y sabor”, afirma Sagarzazu.

Por ello, cuando un perro practica la coprofagia, el primer paso es descartar que el can padezca alguna enfermedad y determinar la causa de su atracción por los excrementos. De esta forma, si se trata de un perro que ingiere heces porque padece infección en el páncreas, habrá que tratar la enfermedad canina para acabar con la coprofagia. Pero si la razón es por cuestiones psicológicas, los dueños tendrán que actuar de manera que desmotiven al perro para practicar la coprofagia.

Coprofagia en el perro, cinco claves

  • Las perras recién paridas pueden ingerir las heces de sus crías para mantener la paridera limpia.
  • La ingestión de heces por parte de los perros puede resultar perjudicial para su salud. Existe peligro de contraer parásitos intestinales con heces ajenas.
  • A diferencia de las personas, los perros carecen de la sensación de asco. Por lo tanto, la ingestión de heces no les acarrea ningún rechazo social en su grupo canino.
  • Hay determinados tipos de excrementos que a los perros les resultan más atractivos, como los humanos y los procedentes de herbívoros. La razón está en el olor y alto contenido en proteínas.
  • Los perros pueden ingerir no solo las heces, sino también otros desechos corporales como los vómitos o regurgitación de comida.

 

FUENTE: Consumer.es